01-mar-2005

EL CORREDOR DE LA VIDA. Fotografias de Javier Bauluz. Texto: Patricia Simon

11-M. Un año despues.



EL CORREDOR DE LA VIDA.

Un año después de los atentados del 11 M, Atocha y los cercanías de
Madrid, siguen siendo un espacio en el que las muestras de recuerdo y
la actividad incesante de una población en movimiento se conjugan en
equilibrio. El equilibrio entre la razón y la emoción, entre la
necesidad de mirar atrás sin desatender el presente, trabajando para
que tragedias de este tipo no vuelvan a repetirse en el futuro.

Las imágenes de lo ocurrido aquella mañana de marzo están grabadas a
fuego en cada uno de nosotros. Transitar por las instalaciones de los
trenes de Madrid supone inevitablemente revivir aquellas escenas. El
recuerdo no es inducido por espacios creados con este propósito. Las
referencias están en todas partes porque su memoria está en todos
nosotros. Y aún cuando todo un país se fundía en un mismo grito de
dolor, "Todos íbamos en ese tren", no se alcanzaba a entender el valor
que seguirían encerrando estas palabras algún tiempo después.



Todos perdimos algo aquella mañana. La ingenuidad y el derecho de
gozar de una invulnerabilidad tan ilusoria como necesaria. La libertad
que concede no temer. Por ello, no ha pasado un año desde aquella
mañana. Porque todos cumplíamos el perfil de víctima, dado que no
había perfil. Porque desde entonces, la tragedia se dibuja sobre la
cotidianedad del día a día, de la que ninguno escapamos.




Pero son precisamente los que han de tomar a diario un cercanías o un
metro en Madrid, aquellos que están expuestos de una manera más
indefensa, al dolor del recuerdo. Para ellos, el escudo de la
distancia física o temporal no existe. Cada mañana deben enfrentarse
con su fantasma, al tiempo que las heridas luchan por cicatrizar. Sin
embargo, la ciudad de Madrid las ha interiorizado como parte de su
vida, de su historia. Una demostración más de la madurez y
responsabilidad de esta población. No busca el olvido. Ha preferido
aprender a vivir con su recuerdo. Un recuerdo consciente y activo
fundado sobre el valor de la vida. Y es esta actitud la que el
fotógrafo Javier Bauluz ha querido honrar en su obra. El mejor
homenaje a las víctimas, al dolor de toda una ciudad, no puede ser
otro que el reconocimiento del triunfo de la vida sobre la barbarie.



El comienzo de un nuevo día en los túneles, andenes y vagones de un
tren nos ofrece las más diversas escenas, en las que cada uno de ellos
es protagonista en medio de toda una masa. El amor en sus distintas
formas, la soledad e intimidad que las primeras luces de la mañana
brindan, el falso anonimato de las multitudes, la multiculturalidad,
la vida en las estaciones más allá de los vagones, son algunos de los
aspectos presentes en la obra. Así, la confluencia de ámbientes,
personas, lenguas, razas, edades, difícilmente podría darse con mayor
plenitud que en una estación a primeras horas de la mañana. Atocha,
Santa Eugenia y el Pozo se convierten así en un puzzle en el que queda
reflejada nuestra sociedad y en cuyas piezas se ha trabajado para
conformar esta exposición. El objetivo se ha cumplido con creces.
Mostrar la convivencia del sentir de la vida personal y anónima, con
el de toda una población. Una emoción asumida e integrada en las
estaciones y trenes, en la que los atentados siguen muy presentes y de
la que difícilmente se puede escapar.



La ciudad que se pone en marcha cada mañana. Mujeres y hombres que
van al trabajo, padres que llevan a sus hijos al colegio, parejas que
se despiden para emprender una nueva jornada, jubilados que siguen
dominados por la dictadura del tiempo, trabajadores que velan por
nuestra seguridad, trenes que nos llevan… Cada amanecer los trenes de
Madrid son escenarios de estas imágenes, siempre irrepetibles. Javier
Bauluz las ha convertido en el centro de interés de sus fotografías,
encontrando la belleza donde hace un año sólo había horror, y un
mensaje vitalista donde los discursos no encontraban palabras. El
comienzo de un nuevo día, el renacer diario de la vida.

Por ello, El Corredor de la vida convierte la cotidianeidad en
protagonista, porque es precisamente ésta la que, inconscientemente,
rinde un homenaje diario a las víctimas de los atentados del 11 M. El
reconocimiento del valor de la vuelta a la normalidad. Un derecho, una
necesidad y casi una obligación. El mensaje es inequívoco: el triunfo
de la vida por encima de todo.

Patricia Simon



Fotografias Publicadas en Magazine. El Mundo 28 feb 2005 en Reportaje El Trayecto
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1 comentarios:

Anónimo dijo...

Éramos muchos los que echábamos de menos tu mirada del mundo. Nos permite conocer pero, lo más importante, nos permite sentir la humanidad que sólo unos privilegiados alcanzáis observar. Gracias por compartir tu don con nosotros y prémianos más a menudo con tus fotografías.

Una enamorada de la vida que sueña con poder dedicarse a ella, a su mejor comprensión y a la lucha contra las injusticias.