12-mar-2008

Los ricos y la púrpura cardenalicia

por manolosaco

Lleva tantos años alejada de la realidad, o mejor dicho, acomodando la realidad a sus intereses, que la Iglesia se ha dado cuenta ahora de que la acumulación de riqueza (bueno, de “excesiva riqueza”, tampoco hay que pasarse) es un pecado que ofende a su dios.

Lo ha descubierto de pronto el Penitenciario Mayor del Vaticano, curiosamente el encargado supremo de la administración de indulgencias, cuyo tráfico de compraventa enriqueció a la corte vaticana durante siglos, cuyas escandalosas y pecaminosas prácticas de chalaneo provocaron nada menos que la Reforma luterana. Parece como si la Puta de Babilonia, enriquecida durante siglos con la práctica de la venta de parcelas del Cielo a cambio de los bonos basura de las indulgencias, acabara de descubrir ahora las advertencias del Evangelio.

La organización más rica de la Tierra gracias a su connivencia con los poderosos, que acrecentó su tesoro con las fortunas de sus ricos y acongojados fieles en el lecho de muerte a cambio de la promesa de una batería de misas para su salvación eterna, la que guarda en sus museos, palacios, castillos, catedrales y monasterios la mayor concentración de obras de arte y piezas de oro y plata engarzadas de piedras preciosas, la que expolió los bienes de la población torturada en los autos de fe de la Santa Inquisición, esa Iglesia descubre ahora que quizá el Cristo de que hablan tenía razón cuando anunciaba la imposibilidad absoluta de que un rico entre en el reino de los cielos.

Supongo que previamente el Penitenciario habría leído las declaraciones del príncipe primado de la Iglesia española (se hacen llamar príncipes, por si a alguien le queda alguna duda sobre su testimonio vital), el cardenal Cañizares, al periódico Corriere della Sera, haciendo valer la preeminencia de las leyes de su comunidad de vecinos espirituales sobre las leyes aprobadas para todos los ciudadanos en el Parlamento español. El mismo al que hace poco veíamos en una ceremonia religiosa vestido con una capa pluvial de seda púrpura de siete metros de largo, como la parodia de una novia rica.

Me enteré por el telediario. Tras la noticia de que el Penitenciario Mayor denunciaba la “injusticia social insostenible” de la desigualdad, daban paso a continuación a la imagen de los últimos cadáveres de infieles llegados en cayuco a nuestras playas. más

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“No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompe, y donde ladrones minan y hurtan. Mas haceos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orín corrompe, y donde ladrones no minan ni hurtan: Porque donde estuviere vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón. ” (Mateo 6,19-21.)
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